Investigó en las artistas que influenciaron a sus propias referentes y encontró un universo de mujeres músicas que abrieron camino en múltipes sentidos. Es la parte de la historia que el rock dejó afuera. Qué es una mostra y por qué escribió con enojo. Editado por Futurock, con ilustraciones de Powerpaola.
“¿Qué es una mostra?”, fue la pregunta. Entre el ruido de la calle y las bocinas, recién bajada del subte, Barbi Recanati dejó ese apuro que incluso se pega en su hablar y se detuvo a pensar. “Es una persona que no tiene respeto por las normas, por los mandatos estéticos y por los mandatos artísticos de una mujer arriba del escenario. Es esa cosa de que no te importa nada y te importa todo”.
Abanderada del movimiento musical independiente, Barbi es, además de una de las músicas más notables de la actualidad, la autora junto a Powerpaola del libro “Mostras del rock” (Editorial Futurock).
El origen del libro es un podcast que empezó a difundir la vida y la obra de las mujeres músicas que inspiraron a las referentes musicales de Recanati y que, aún hoy, permanecen en el más absoluto anonimato.
“El escenario en este momento es un espacio de resistencia emocional para el público y para mí”, dijo.
Estadounideneses y afrodescendientes en su mayoría, las artistas aparecen retratadas con la estética de la historieta y el fanzine, gracias a los dibujos de Powerpaola. Escrito a mano, el libro incorpora el tachón como una forma de incorrección y, casi, como una postura frente al mundo editorial.
“Se ve muy claro en el abanico de artistas del libro: tenés a la artista trans que accedió a lugares donde solo accedió por ser mostra, porque no le importó acceder y entonces lo hizo, sea por accidente o por falta de respeto a ese mandato. O artistas de 1930, de una época donde no podían tener acceso a los derechos civiles más básicos y que se tomaban el tiempo para agarrar una guitarra eléctrica y componer y subirse a un escenario alternativo, a un escenario marginal, donde tal vez no iban a ver un peso y lo hacían igual. Para mí esa es la característica de mostra”, agregó, en una entrevista con LA CAPITAL.
Para la artista, “la llave maestra” del libro es la vida y la música de Mamie Smith, una cantante afrodescendiente, actriz de vodevil y pianista cuyo recorrido abre la publicación bajo la forma de un comic.
En torno a 1920, Mamie reemplazó a una vocalista de origen ucraniana en un compilado de Okeh Records. Saltó de los clubs de Harlem a ser una de las primeras cantantes negras en grabar un blues. Se trató de la canción “Crazy blues”.
“Elegí 49 historias que tienen que ver con mi historia del rock. Y hay algo de esa vivencia personal que para mí es muy importante en lo que elegimos contar y cómo lo elegimos contar”
“En menos de un año, Crazy blues vendió un millón de copias -escribió Barbi-. Después de este éxito, la industria de discos abrió las puertas a un género nuevo llamado Classic female blues que inauguró las listas de Rhythm and blues”. Esas músicas influenciaron en grupos como Beatles y Rolling Stone. “Nada en la música contemporánea sería lo mismo sin Mamie Smith”, cerró el cómic.
Y las páginas siguen y nos enteramos de la existencia de productoras, técnicas de sonido, cantantes, activistas por los derechos de los pueblos originarios que hacían música, artistas trans y compositoras de extraordinario talento y altos niveles de experimentación, que vivieron a principios de siglo y hasta los ’90.
“La gente está cada vez más angustiada y sola. Y con miedo a hablar y con miedo a discutir y con miedo también a enfrentar la dura realidad que es que estamos todos mal”
Algo de enojo recorre el modo en que Barbi escribe cada parte de esta historia invisibilizada. “Lo más importante de mi enojo, lo que no podía soltar era que yo era una persona muy curiosa de chica y me la pasaba siempre en el Parque Rívadavia en Buenos Aires, que es el lugar donde se intercambiaban vinilos, me compraba revistas de los ’70 y los ’80, las coleccionaba, leía los libritos de los cd y de los vinilos. Siempre fui muy curiosa de esa data y aún así las historias de estas mujeres no las había escuchado. Entonces dije, ‘che, hay una intención acá’. No es que están y si no sos fanático de la música no te enterás. Me di cuenta de que había habido una intención sistemática, importante, a lo largo de las décadas de que historias como la de Mamie Smith, como la de Memphis Minnie o la de Cordell Jackson no se conocieran”.
-¿Hubo un borramiento?
-Sí, sí, totalmente.
-En el libro instás a que otras personas escriban su propio libro de Mostras del rock. ¿Pasás la posta?
-Sí, sobre todo porque en el caso de este libro yo elegí 49 historias que tienen que ver con mi historia del rock. Y hay algo de esa vivencia personal que para mí es muy importante en lo que elegimos contar y cómo lo elegimos contar. Si quisiera hacer Mostras del rock latinoamericano, creo que sería de una calidad muy inferior a la de este libro, porque yo no viví esa historia en primera persona. No era la música que yo escuchaba cuando era adolescente. No eran las historias que me faltaron. Es la historia de la música que aprendí ya de grande. Descubrí a Violeta Parra, no sé, a los 20 años. A Chabuca Granda a los 30. Como que son artistas que estoy conociendo muy de grande. En cambio, las artistas de las que hablo en este libro son artistas que un poco salían de las historias que yo conocía a los 14 años. Conocí a Janis Joplin, pero de repente no conocí a Laura Nyro. O conocí a Paty Smith, pero de repente no conocí a Wendy Williams. Es una línea de tiempo que voy dibujando a partir de experiencias mías de adolescente.
-El recorte es anglosajón.
-Sí, totalmente. Y eso tiene que ver con mi historia como melómana. Para mí estaría rebueno que otras melómanas escriban sus propias mostras. Alguna piba muy enojada en el sur de Chile, otra piba muy enojada en el norte de México. Y seguramente las historias que conoceríamos ahí serían muy difíciles de acceder de otra manera. Porque hoy con Internet está cada vez más reducido el resumen. Es impresionante cómo tenemos cada vez más información y al mismo tiempo es de más difícil acceso. Porque te metés a Google y no llegás nunca a la página 12 de la búsqueda. Se va repitiendo cada vez más el mismo relato y el mismo relato y se va reduciendo y se va resumiendo y ahora te lo resume la IA. Y va quedando cada vez más afuera lo que pasa en los márgenes.
-¿Considerás que vos sos una “mostra” del rock?
-Sí. Lo que pasa es que tampoco tengo mucha conciencia de lo que soy para otras. Porque si no, creo que dejaría de serlo. Creo que si tomás mucha conciencia de eso, entrás en pánico y no lo hacés más.
“Me di cuenta de que había habido una intención sistemática, importante, a lo largo de las décadas de que historias como la de Mamie Smith, como la de Memphis Minnie o la de Cordell Jackson no se conocieran”
-Lo bueno es no darte cuenta y seguir haciéndolo.
-Sí, totalmente. De hecho, desde que soy chiquita que me cuesta ver un video mío arriba del escenario porque digo “no me puedo mover así”.
-¿Aún hoy te pasa?
-Sí, hoy también me pasa.
-¿Es una constante en el libro que las mujeres escriban canciones sobre las opresiones que viven?
-No. A mí me parece que lo que es una constante, en la mayoría de los casos, es que si te dedicás al arte y sos mujer ya hay un acto político ahí, que tal vez no lo hay en un hombre. Al ser mujer ya hay un acto político por como te parás arriba del escenario. Podés ser una mujer que no hable absolutamente de nada político en sus canciones y que el feminismo te pase al lado y que la música para vos no tenga ninguna conexión con eso. Una cosa no quita a la otra. Pero sí creo que, si sos una mujer y el arte te atraviesa, no la música porque también podés ser el medio de explotación de un sello discográfico, pero si sos artista y sos mujer, lo más probable es que ya sea por la sensibilidad o por los obstáculos que se van dando en la vida, el acto de subirte arriba del escenario va a ser político. Y las letras no es que hablen siempre desde una primera persona de actos de opresión, sino que en algún punto es una temática que, si no te atraviesa, es porque la estás ignorando. De la misma manera que seguramente hablás con un músico afroestadounidense y sus letras siempre van a estar hablando de racismo, porque es lo que lo atraviesa desde la cuna.
-Hacés música desde muy chica, ¿en qué momento te diste cuenta de éso, del acto político de subirte a un escenario?
-Creo que para mí siempre fue un acto político. Lo que fue cambiando con los años fue el motivo político, la razón política. Cuando yo tenía 15 años, tener el pelo cortito y vestirme con ropa holgada era una forma de manifestarme. No solamente era si a mí me gustaba o no estéticamente cómo lucía. Yo sabía que era una forma de manifestarme y que era una forma de rechazar mi figura arriba del escenario sexualizada. En ese momento era éso. Después con los años se empezó a transformar en otra cosa. Y sí, recién después de los 25 años más o menos, lo empecé a vincular con actos políticos que me excedían a mí y que tenían que ver más con lo que me rodeaba socialmente.
-Y hoy, puntualmente, ¿qué cosas te rebelan?
-Lo que me pasa arriba del escenario, que no me pasaba en otros momentos, es que siento que el público que me viene a ver y los espacios donde yo toco son espacios de encuentro en común con un montón de personas que la están pasando muy mal y que tienen muchas ganas de poder pasarla bien un rato, pero no dejando de lado todo lo que les importa. Entonces, me subo arriba del escenario y tengo siempre una responsabilidad con esa gente de hablar de lo que está pasando, de contenernos mutuamente, hasta de consolarnos. Y para mí, el escenario en este momento es un espacio de resistencia emocional para el público y para mí.
-Vi algunos recortes en Instagram en los que hablás con tu público sobre cómo apoyar lo independiente.
-El recorte que da vueltas es un recorte que comienza después de que yo digo otras cosas arriba del escenario, que para mí eran muy importantes. Dije arriba del escenario que siento que somos un grupo de personas que lo que nos diferencia es que podemos hablar entre nosotros, nos podemos decir las cosas, no nos vamos a enojar, podemos no coincidir, yo les puedo decir lo que siento y no se lo van a tomar a pecho, porque estamos en este lugar seguro y no estamos en una lupita de Instagram. Y lo que pasó irónicamente fue que nos recortaron y nos pusieron en la lupita de Instagram. Y eso a veces es medio contraproducente. Yo siento que lo que pasa en los escenarios y en mis shows que son espacios seguros es que el público grita cosas y podemos hablar y podemos desahogarnos y nos podemos dar el lujo hasta de llorar y después saltar en un pogo. Yo siento que hoy es muy importante, porque muchos de los espacios para desconectar y para entretenernos banalizan lo que está pasando y es como que no pueden conectar esas dos veredas: si la vamos a pasar bien es porque vamos a ignorar todo lo que está pasando. Y a mí me gusta sentir que en esos “recis” de una hora o una hora y media podemos hablar de lo que está pasando, podemos contenernos, podemos consolarnos, podemos llorar, podemos matarnos de risa y saltar en un pogo y divertirnos. Y lo más lindo es lo que pasa después, como que salís de ese show con ganas de sentarte dos horas con tus amigos a tomar una cerveza y hablar de lo que pasó. Y para mí eso es algo que está en riesgo. Está súper en riesgo porque es bastante notorio la intención de masacrarte la cabeza psicológicamente y hacerte sentir que si sos feminista tenés que estar en este momento militando lo que le está pasando a una mujer de Haití y que si tenés un iPhone no podés hablar de injusticia social y que si vivís en un edificio no podés hablar de lo que pasa en una casa y si vivís en una casa no podés hablar de lo que pasa en otra. Y lo que hacen es invalidar todo el tiempo lo que tenés para decir y lo que tenés para sentir por quién sos, por cómo sos, atacándote personalmente. Y eso es lo que está haciendo internet y en algún punto esta nueva oleada de la ultra derecha. Está haciendo efecto, está funcionando y la gente está cada vez más angustiada y sola. Y con miedo a hablar y con miedo a discutir y con miedo también a enfrentar la dura realidad que es que estamos todos mal, que no es algo que le esté pasando a esa persona sola. Estamos todos mal.
-¿Cuándo venís a Mar del Plata?
-A Mar del Plata posiblemente vaya muy pronto en alguna de las próximas semanas, en los próximos dos meses con El diario de canciones, con Pau Trama. Ya fuimos el año pasado, es un show donde tocamos nuestras canciones en formato acústico y hablamos sobre composición y amistad y hablamos un montón, es muy lindo y seguramente en el segundo semestre voy a ir con la banda. Así que a Mar del Plata voy a estar el primer semestre y el segundo semestre del año.